Durante mucho tiempo me quedé con palabras, ideas, frases, reflexiones que me provocaban los libros, los proyectos o simplemente la vida diaria… pero que no compartía. No porque no quisiera, sino porque no sabía si eso le interesaría a alguien más.
Pero algo cambió.
Leí libros que me hicieron preguntas que no esperaba. Otros que me hicieron sentir acompañado en sensaciones que no sabía poner en palabras.
Desde La arquitectura de la felicidad de Alain de Botton, que me recordó por qué diseño lo que diseño.
Hasta Damasio, con En busca de Spinoza, quien me ayudó a entender que la emoción no está peleada con la razón. Que diseñar un espacio puede ser tan racional como profundamente humano.


No escribo para enseñar
Tampoco para dar cátedra.
No tengo intención de convencer a nadie.
Escribo porque durante mucho tiempo hubo cosas que no decía.
Y aunque me parecían importantes, no siempre las compartía.
Por pena. Porque pensaba que sonarían cursis.
Porque temía que solo yo lo sentía así.
Lo hablaba solo con personas cercanas.
Amigos o colaboradores, quienes también sentían el mundo de la misma forma.
Pero con el tiempo, me di cuenta de algo importante:
Eso que yo pensaba que era solo mío… tiene nombre, tiene teoría, tiene raíces.
No me lo estaba inventando. Tiene un fondo profundo, humano.
Y resonó conmigo con una fuerza especial.
Ahora que soy papá
Observar a mi hijo descubrir el mundo con sus sentidos me recuerda que nosotros también lo hacíamos. Que lo seguimos haciendo. Solo que a veces lo olvidamos.
La rutina, el estrés, el ruido… nos desconectan.
Y sin embargo, seguimos habitando con el cuerpo.
Con la piel, con la vista, con el oído, con el alma.
¿Para qué es este blog?
Para recordar.
Para volver a conectar.
Para decir lo que antes me callaba.
Para explorar cómo lo que sentimos se traduce en diseño.
Para hablar de atmósferas, emociones, arquitectura, de lo invisible que también habitamos.
Y si alguien allá afuera también lo ha sentido y se lo ha callado, tal vez esto le dé permiso para imaginar.
Para sentir sin pena.
Para soñar el espacio desde otro lugar.
📩 ¿Te quedas por aquí?
No sé si esto lo leerán 10 o 100 personas.
Pero sé que quien lo lea, probablemente también se ha preguntado por qué un lugar nos hace sentir algo que no sabemos nombrar.
Y si logro poner en palabras lo que tú también has sentido, entonces esto vale la pena.
Por Erick Morales
Fundador de Taller 03 Arquitectos


Deja un comentario